Representación del interior solar con la tacoclina

Corte esquemático del Sol. La mitad derecha muestra la actividad magnética de la superficie solar observada en el ultravioleta extremo, donde se revelan arcos coronales y regiones activas dominadas por el campo magnético. La mitad izquierda muestra el interior solar al abrir” su superficie, ilustrando cómo varía la velocidad de rotación con la profundidad y la latitud. La región marcada con líneas azules discontinuas corresponde a la tacoclina, una capa de transición situada a unos 200.000 km de profundidad, donde ocurre una intensa variación de la velocidad de rotación. En este trabajo se describe con el mayor detalle alcanzado hasta el momento la estructura y dimensiones de esta región. El campo magnético solar se alimenta de la fuerte cizalla rotacional y de la complejidad dinámica de la tacoclina. La actividad magnética observada en la superficie solar tiene su origen en esta capa profunda del interior del Sol. Crédito: Gabriel Pérez Díaz (IAC).

Esquema del interior del Sol que muestra la tacoclina, la capa de transición donde se origina gran parte de su actividad magnética
Fecha de realización
Descripción

Corte esquemático del Sol. La mitad derecha muestra la actividad magnética de la superficie solar observada en el ultravioleta extremo, donde se revelan arcos coronales y regiones activas dominadas por el campo magnético. La mitad izquierda muestra el interior solar al abrir” su superficie, ilustrando cómo varía la velocidad de rotación con la profundidad y la latitud. La región marcada con líneas azules discontinuas corresponde a la tacoclina, una capa de transición situada a unos 200 000 km de profundidad, donde ocurre una intensa variación de la velocidad de rotación. En este trabajo se describe con el mayor detalle alcanzado hasta el momento la estructura y dimensiones de esta región. El campo magnético solar se alimenta de la fuerte cizalla rotacional y de la complejidad dinámica de la tacoclina. La actividad magnética observada en la superficie solar tiene su origen en esta capa profunda del interior del Sol. Crédito: Gabriel Pérez Díaz (IAC).