• Galaxia NGC 7331 y grupo de galaxias Deer Lick, obtenida con el telescopio IAC-80, en el Observatorio del Teide (Tenerife). Crédito: Daniel López/Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC).
    “Atolones” en el vacío
    El Universo está formado por miles de millones de galaxias similares a la Vía Láctea, lo que no se supo hasta el primer cuarto del siglo XX En el exclusivo club de los conceptos científicos que cambiaron para siempre el pensamiento humano ocupan un lugar destacado la evolución de las especies, el mundo atómico, la finitud de la velocidad de la luz… Sin embargo, relegado a un discreto plano, fuera de los focos comunes del conocimiento público, se resguarda la idea de un universo poblado de galaxias. Una de las razones por las que esta idea suele vivir en el anonimato es la naturaleza esquiva
    Ignacio
    Trujillo Cabrera
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  • Grabado de 1833 que muestra una lluvia de estrellas sobre Gettysburg (EE UU).
    Lluvias de estrellas en antiguas civilizaciones
    Las civilizaciones antiguas dejaron escasos testimonios de las lluvias de estrellas, aunque no las catalogaron como tal. Así, en el siglo II a.C., los chinos dejaron una referencia de una observación cometaria en El libro del príncipe de Huai-Nan (1057 a.C.), escrito por Liu An durante el reinado de Wu. En el Egipto Antiguo, en la estela de Tutmosis III, hallada en el primer patio del templo de Amón en Gebel Barkal, hay una inscripción que bien podría referirse a un avistamiento de estrellas fugaces. He aquí un fragmento de la transcripción: “Era la segunda hora cuando vino la estrella que
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  • Perseidas 2014. Créditos: Daniel López/Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC).
    Cuando las Perseidas no eran un fenómeno astronómico
    Hasta el siglo XIX, muy pocos científicos se planteaban que las lluvias de estrellas pudieran tener un origen extraterrestre, por encima de las capas más bajas de la atmósfera. Durante más de dos mil años, la teoría de Aristóteles de que los cometas (origen de la mayoría de las lluvias de estrellas) eran fenómenos atmosféricos, “exhalaciones de la atmósfera terrestre”, se mantuvo vigente sin apenas cambios hasta las detalladas mediciones de Tycho Brahe en el siglo XVI. De ahí el término científico meteoro (en griego, “elevado en el aire”), sinónimo de estrella fugaz y raíz léxica de
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  • Las tres estrellas del Triángulo de Verano sobre una imagen de Vicent Peris. Crédito: Banco de Imágenes del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC).
    Triángulo de Verano a la vista
    Vega, Deneb y Altair se convierten en las superestrellas del hemisferio norte durante las noches de agosto Vega, una de las estrellas más brillantes del cielo, forma con Deneb y Altair el asterismo conocido como Triángulo de Verano , que puede contemplarse en el hemisferio norte durante las noches estivales, siempre que no haya nubes. Oswald Thomas, director en dos ocasiones del Urania-Sternwarte, el primer observatorio popular de Austria, y del Zeiss Planetarium de Viena, compuso con esas estrellas la figura geométrica imaginaria que les da nombre, aunque al principio el astrónomo de origen
    María Carmen del
    Puerto Varela
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  • Charles Abbot en 1968, posando orgulloso con uno de sus registros de datos.
    Buscando un sueño imposible
    Charles Abbot intentó medir las variaciones en la irradiancia solar desde estaciones en tierra antes de que los satélites lo hicieran El método científico tiene dos elementos esenciales. El primero de ellos es el planteamiento de una hipótesis razonable de partida y el segundo, su validación mediante la observación o la experimentación. En ocasiones, la hipótesis podrá comprobarse en un corto período de tiempo, con lo cual el científico estará feliz, escribirá artículos, demostrará a los evaluadores su eficacia e incluso recibirá algún premio. Ahora bien, en no pocos casos la observación
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  • Charles Piazzi Smyth en Guajara, frente al Teide, junto a su telescopio (imagen estereoscópica). Créditos: The Royal Observatory, Edinburgh.
    El non plus ultra de las bestias
    Piazzi Smyth en Tenerife: el inicio de las observaciones astronómicas modernas Muchos años después, en su Bronca en la Física, Ortega había de plantearse en qué consiste. ¿El científico debe adaptar sus ideas a los fenómenos o, al revés, adaptar los fenómenos mediante una interpretación a ciertas ideas a priori independientes del experimento? Es el conflicto entre teóricos y experimentalistas. Charles Piazzi Smyth y Jessie Duncan no eran ni lo uno ni lo otro. Se inscriben en lo que podríamos llamar aquí “ciencia aventura”. No al revés, la aventura científica, en la que prima la expedición
    Julio Alberto
    Castro Almazán
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  • Imágenes del impacto de uno de los fragmentos del cometa P/Shoemaker-Levy 9 en Júpiter en 1994 obtenidas con el Telescopio Carlos Sánchez, del Observatorio del Teide (Tenerife). Crédito: IAC.
    Shoemaker-Levy en la memoria
    El 16 de julio de 1994 impactaba en Júpiter el primer fragmento del cometa P/Shoemaker-Levy 9, tal y como los astrónomos habían predicho con un año de antelación. Ojalá el cielo nos volviera a dar un espectáculo como ése… “No sabe uno hacia dónde mirar, si hacia Júpiter o hacia los que miran a Júpiter con un entusiasmo de turistas en un país exótico”. Aunque la frase es de Juan José Millás (EL PAIS, 22 de julio de 1994), me permito asumirla para describir aquella semana de locura colectiva, de insomnio voluntario y de inquietud científica. En efecto, ahora todos hablan del contagio, de la
    María Carmen del
    Puerto Varela
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  • La “rey” Hatshepsut y Seshat tensando la cuerda en Karnak e imagen de la diosa con su signo jeroglífico sobre la cabeza. Crédito: Juan Antonio Belmonte.
    Buscando a Seshat
    La diosa egipcia fijaba la orientación de los templos en el país del Nilo … He tomado el jalón y he asido la maza. He tomado la cuerda de mensurar en compañía de Seshat. Observo el movimiento progresivo de las estrellas. Mi ojo fija su mirada ahora en Meskhet(yu). El dios del tiempo [Thoth] está de pie junto a mí, en frente de su Merkhet. Entonces, he establecido las cuatro esquinas de tu templo. Este texto aparece a menudo escrito en diferentes versiones en las paredes del templo de Horus en Edfu, en el Alto Egipto, cuya fundación data del año 237 a.C. En él se relata cómo el faraón, un
    Juan Antonio
    Belmonte Avilés
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  • Stephane Courteau, profesor de Astrofísica en la Queen’s University (Canadá), durante su charla en el Museo de la Ciencia y el Cosmos (MCC), de Museos de Tenerife. Crédito: Pedro Bento (MCC)
    MATERIA OSCURA: en busca del Premio Nobel
    En el Universo hay más masa que luz. Ello quiere decir que puede haber partículas invisibles esparcidas por el espacio cuyo comportamiento afecta al resto de elementos cósmicos. A estas partículas los científicos las han llamado “materia oscura”, y su detección y posterior comprensión constituye uno de los principales retos de la astronomía moderna. Podría albergar las respuestas a preguntas fundamentales sobre el origen y composición del Universo. Stéphane Courteau es uno de esos científicos en busca de materia oscura. Trabaja como investigador y profesor de Astrofísica en la Queen’s
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  • Izquierda: el astrónomo Clyde Tombaugh, descubridor de Plutón. Derecha: recipiente con las cenizas del astrónomo,  a bordo de la sonda New Horizons (NASA).
    El largo viaje de Clyde Tombaugh
    A mediados de febrero de 1930, el astrónomo estadounidense Clyde William Tombaugh examinaba de forma minuciosa decenas de placas fotográficas en el Observatorio Lowell, en Arizona. Percival Lowell, un excéntrico millonario apasionado por la astronomía, había financiado años atrás su construcción con la esperanza de encontrar respuesta a sus dos mayores obsesiones: hallar vida en Marte –con vana fortuna, puesto que confundió los supuestos canales marcianos con capilares sanguíneos de su propio globo ocular al haber convertido, de forma inadvertida, su telescopio en un instrumento
    Enrique
    Joven Álvarez
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