Dos eclipses que hicieron historia en España

Mapa oficial de la franja de totalidad del eclipse solar total de 1860 (BNE)

Los eclipses solares totales no ocurren con demasiada frecuencia en el mismo lugar en el lapso de una vida humana, pero sí que tienen una cierta tendencia a agruparse, de tal forma que en pocos años puede producirse más de uno. Es lo que va a pasar en España este año, el siguiente y 2028, en los que se sucederán dos totales y uno anular. Una secuencia parecida a la que se dio en 1900, 1905 y 1912, cuando se concentraron tres eclipses totales solares —aunque en el caso del último, la totalidad solo duró unos pocos segundos y en una escasísima franja de tierra pegada a la costa gallega.

Los eclipses han sido siempre grandes acontecimientos, pero la forma en cómo se viven ha ido evolucionando según lo ha hecho el conocimiento sobre cómo se producen y las medidas de seguridad a la hora de contemplarlos. También su impacto, que ha ido dejando atrás consideraciones más cercanas a lo religioso o lo supersticioso, para convertirse en fenómenos, además de astronómicos, sociales, turísticos e, incluso, económicos. En este sentido, vamos a detenernos en dos de los eclipses vividos en España en los últimos doscientos años, y que en cierta manera anticipan lo que viviremos el próximo 12 de agosto.

 

Warren de la Rue photographing a total solar eclipse in Ribabellosa (Álava) in 1860
Preparativos de Warren de la Rue para fotografiar el eclipse solar total en Ribabellosa (Alava) en 1860 (Google Arts & Culture-The Board of Trustees of the Science Museum, Science Museum Group Collection, CC-BY-NC-SA 4.0)

 

1860: cuando España convocó a los grandes astrónomos

El eclipse solar total que tuvo lugar el 18 de julio de 1860 fue toda una oportunidad para quienes, dentro de España, pugnaban por su modernización y por la integración con la ciencia que en esos momentos se estaba realizando en Europa. Por ello, no es de extrañar que se convirtiera en una cuestión de estado, que se creara una comisión gubernamental para coordinar todos los trabajos e invitar a la colaboración internacional, así como una guía de observación, que incluía una relación de precauciones a seguir, elaborada por el Real Observatorio de Madrid.

Se trataba de una oportunidad única porque, aunque la franja de totalidad se iba a extender desde Norteamérica hasta España, Túnez, Libia, Egipto, Sudán y Eritrea, el hecho de que el nuestro fuese el único país europeo donde el eclipse sería visible desde numerosas zonas pobladas, nos convirtió en pieza codiciada por los más relevantes científicos del continente. Además, el avance de las técnicas fotográficas, con la invención del fotoheliógrafo de Kew por el británico Warren de la Rue, pretendía resolver por fin la incógnita de cuál era la naturaleza de las protuberancias solares: algo originado en el propio Sol, o algún tipo de ilusión óptica producida por nuestra atmósfera en el momento de la totalidad.

Así, no es de extrañar que el propio De la Rue encabezase una expedición que situó su cuartel general en la localidad de Ribabellosa (Álava), donde tuvieron el apoyo del alcalde para conseguir un terreno en plena época de la cosecha. Allí, De la Rue y su equipo instalaron una caseta prefabricada que se había venido con ellos en el barco que les había llevado desde Plymouth hasta Bilbao. La misma intervención del alcalde les ayudó a que el público, que se congregó para observar a aquellos curiosos visitantes y sus manejos con los telescopios, terminara dejándoles espacio para poder trabajar con tranquilidad.

 

Photograph of the solar corona taken by Warren de la Rue during the 1860 eclipse
Fotografía de la corona solar tomada por Warren de la Rue durante el eclipse de 1860 (Google Arts & Culture-The Board of Trustees of the Science Museum, Science Museum Group Collection, CC-BY-NC-SA 4.0)

 

Los esfuerzos merecieron la pena. De todas las fotos realizadas durante el eclipse, dos fueran hechas durante los minutos de totalidad. Al compararlas con otras tomadas a varios cientos de kilómetros de allí, vieron que la forma de la corona era idéntica, lo que zanjó la discusión: el origen de las protuberancias estaba en el Sol, como ahora sabemos. Estas fotos no fueron las primeras que se hicieron de la corona, pero sí las de mejor calidad hasta el momento, y las que se consideran prueba definitiva.

Sin embargo, aunque esta expedición fue la que dejó el legado más duradero, en realidad fue tan solo una de la treintena, de once nacionalidades distintas, que observó el eclipse desde nuestro país. Y revisar la lista de nombres que nos visitaron es casi hacerlo de la historia de la astronomía europea del siglo XIX, pues nos encontramos con el director del observatorio del Colegio Romano, el jesuita Angelo Secchi, que se instaló en el parque natural del Desierto de las Palmas (Castellón), o la primera expedición de la Academia de Ciencias de Rusia, encabezada por el director del Observatorio de Pulkovo, Otto Wilhelm von Struve.

Eso sí, quizás los más famosos fueron los franceses que se integraron en la expedición francoespañola que observó el eclipse desde el Moncayo, y que incluía a Urbain Le Verrier, director del Observatorio de París y uno de los descubridores de Neptuno; y Léon Foucault, uno de esos raros casos en la ciencia en la que su nombre ha pasado al conocimiento popular, pues fue el inventor del péndulo que adorna tantos museos en el mundo.

 

Globos preparados en Burgos para la observación del eclipse de 1905
Globos preparados en Burgos para la observación del eclipse de 1905 (Archivo Municipal de Burgos)

 

1905: el eclipse que se convirtió en un fenómeno social

El eclipse del 30 de agosto de 1905 tuvo también un enorme eco entre la comunidad científica nacional e internacional. Las diversas instituciones españolas se repartieron por diversas localidades en las provincias de Burgos, Guadalajara, La Rioja, y Soria. Las internacionales, procedentes de Francia, Reino Unido, Italia, Suiza, Portugal, Países Bajos, Rusia, Hungría, México y Estados Unidos, por toda la extensión de la banda de totalidad. Todas ellas se ocuparon de distintas tareas para avanzar en el conocimiento de la física solar, así como la posibilidad de que quedara algún planeta por descubrir cerca del Sol.

Pero aparte de este innegable interés científico, y como sucede hoy, se desató una verdadera competición entre numerosas localidades para erigirse en el lugar más destacado para observar el eclipse. Una carrera en la que resultó ganadora Burgos, entre otras cosas por conseguir que el propio rey Alfonso XIII, y la familia real, se desplazaran hasta esa ciudad para disfrutar del espectáculo.

Su presencia convocó a una gran cantidad de destacadas personalidades de todos los ámbitos, así como numeroso público que se desplazó, atraídos además por un programa de festejos con motivo del eclipse que incluía hasta corridas de toros de algunos de los mejores espadas del momento. La enorme publicidad que dieron los periódicos en los meses anteriores, y una mayor comprensión general de lo que iba a suceder, habían creado un verdadero estado de expectación, que llevó a las pioneras autoridades locales a aprovechar la gran oportunidad que se abría para fomentar el turismo. El Gobierno dio indicaciones para que se recibiera a los extranjeros con deferencia y respeto, y el Ejército envió a militares que hablaban varias lenguas para apoyar la labor de los equipos científicos.

 

Imagen del momento de totalidad del eclipse de 1905 (Biblioteca Virtual de Defensa)
Instantánea del momento de totalidad del eclipse de 1905 (Biblioteca Virtual de Defensa)

 

Eran además años en los que los avances tecnológicos despertaban la admiración y el interés del público. Y entre ellos, poco más atractivos que los referidos a la incipiente conquista del aire, que en 1905 aún tenía su máximo exponente en los globos aerostáticos, pues los aeroplanos todavía estaban en pañales. Es por eso que el Parque de Aerostación de Guadalajara fletó los globos Júpiter (en el que iba el gran aeronauta internacional Berson), Urano (pilotado por Kindelán) y el Marte, que llevaba a bordo al aeronauta español Jesús Fernández Duro y al que sería gran pionero de la aeronáutica y la astronáutica españolas, Emilio Herrera Linares.

Este último realizó dibujos del impresionante aspecto del eclipse visto desde las alturas. Dejó además un bellísimo relato de cómo la oscuridad se extendía bajo sus pies, mientras el Sol arrancaba reflejos de las nubes bajo ellos que hicieron peligrar la visión del eclipse desde el suelo, pero que terminaron retirándose. Y sobre todo, la primera descripción de los reflejos que la reaparición del Sol arrancaba en las altas capas de la atmósfera.

2026: ciencia y espectáculo

Estos dos eclipses, como decimos, reflejan las dos almas que, aún hoy, moviliza un eclipse solar total. Y el próximo 12 de agosto, en Palencia, el Instituto de Astrofísica de Canarias participará en esta fiesta astronómica, que convocará además a destacados físicos solares nacionales e internacionales, dentro del marco del Proyecto NATE. Y esa fascinación, y esa expectación, no serán tan distintas de las que vivieron quienes nos precedieron, ni las que vivirán quienes sigan contemplando la magia del cielo después de nosotros.